La RIOD realiza un proceso de reflexión y autoanálisis para mejorar las respuestas ofrecidas ante las drogas y las adicciones en Iberoamérica.

En la RIOD, después de celebrar los 20 años de trabajo en red en 2018, decidimos que era el momento de detenerse a identificar modelos de respuesta y establecer ejes de reflexión con el objetivo del crecimiento institucional y mejora de la intervención con drogas en Iberoamérica.

En este sentido, en los últimos dos años hemos realizado una estrategia de investigación-acción con el doble objetivo de estimular en las organizaciones un proceso de reflexión sobre su labor para facilitar el crecimiento institucional y técnico, y de conocer las posturas esenciales de las distintas entidades y su entorno sobre aspectos básicos de la realidad actual, los cambios y las perspectivas de futuro en su labor, con el apoyo de la Delegación de Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas de España, junto con la FAD, en una primera fase, y desarrollada por Sociológica Tres en la segunda.

Ha sido un trabajo interno de las propias organizaciones y en la RIOD, para tratar de adaptar modelos de respuestas ofrecidas y revisar nuestros equipos e intervenciones, pero también hacia fuera, en la medida en que la Misión de RIOD es incidir en las políticas públicas y sensibilizar a la sociedad.

En la primera fase ya se detectó la necesidad de potenciar el trabajo por Nodos (dimensión regional) y Comisiones de Trabajo (dimensión temática), y de realizar una segunda encuesta basada en un proceso de reflexión y debate interno entre las entidades socias de la RIOD que confirmase la existencia de ciertos aspectos sobre los que ya se sentía que había que profundizar como red.

Así, en la segunda fase, fruto de esa encuesta basada en un proceso de reflexión y debate interno, se obtuvieron datos sobre varios contenidos planteados, entre los que destacaron cuatro temas detectados como centrales y, por tanto, merecedores de ser tratados en mayor profundidad, lo que se hizo en el marco del XXII Seminario Iberoamericano sobre Drogas y Cooperación: Políticas de Drogas y Cohesión Social, en concreto el 12 de noviembre de 2020, a través de espacios de reflexión, abiertos a la participación de otras personas externas a la red:

  1. La evolución del fenómeno (puedes consultar este espacio pinchando AQUÍ).
  2. Los consumos (puedes consultar este espacio pinchando AQUÍ).
  3. Otros condicionantes (puedes consultar este espacio pinchando AQUÍ).
  4. Coexistencia de diferentes tipos de actores y recursos (puedes consultar este espacio pinchando AQUÍ).

Además, los resultados del proceso han sido debatidos también a nivel regional, presentándose en una jornada interna, celebrada el pasado 10 de diciembre de 2020, con las organizaciones socias. A partir de los resultados y del debate de los mismos, la RIOD profundizará en ellos durante el futuro para plantear propuestas y trabajos concretos.

Durante ambos procesos ha habido algunos aspectos que se han repetido y han destacado como relevantes. Los hemos agrupado alrededor de los siguientes bloques:

  • Tratamiento internacional del fenómeno.

Trabajamos con un fenómeno global en el que se asume la necesidad de un marco normativo internacional, pero que no puede ser ajeno a las realidades locales y a los efectos que tienen políticas prohibicionistas que abordan el fenómeno como un problema de seguridad y no de salud pública sobre las poblaciones, sobre todo aquellas con sus derechos más vulnerados. En este sentido se empiezan a explorar alternativas a la prohibición como la regulación.

El nivel de complejidad que implica el fenómeno requiere el establecimiento de un marco normativo internacional que nos permita encarar la realidad tal cual está, buscando medidas que nos permitan afrontarla responsablemente como sociedad y facilite respuestas proporcionales y coherentes con las necesidades de los territorios.

  • Cambios en las sustancias, los perfiles y los enfoques de intervención.

En las últimas décadas hemos asistido a cambios en los consumos, tanto por la diversidad de sustancias y la agilidad con la que surgen nuevas formas de consumo, como por la evolución en el perfil de las personas que usan drogas.

El problema no es el consumo sino cómo se aborda. Los consumos de sustancias se demuestran como inevitables; siempre han estado y estarán presentes en la sociedad y ello ha traído enfoques que no ponen tanto el énfasis en los posibles daños, ni el objetivo final en la abstinencia, sino también en el aprendizaje de la relación con las sustancias, la gestión de los riesgos y la mejora de la calidad de vida de la persona, reduciendo lo más posible los riesgos asociados al consumo.

En la mayoría de los casos, cuando un consumo se convierte en problemático, tiene que ver con un contexto social o circunstancia personal desfavorable por ello hay que buscar el equilibrio entre la persona, el contexto y la sustancia desarrollando intervenciones enmarcadas en modelos de atención integral, integradora e integrada: ningún enfoque o tipo de servicio sirve por sí solo, tienen que articularse en red e implementarse integralmente.

  • Percepción social y participación de las personas que usan drogas.

La percepción social está distorsionada por las modas que generan los mercados, que llevan a veces a una banalización de los consumos, y el miedo que crean las posturas sensacionalistas y alarmistas que mantienen los medios de comunicación.  El reto sigue siendo la información veraz sobre el consumo y que ésta llegue a toda la población. En materia de drogas, además, se sigue percibiendo mucha desvinculación entre la investigación académica y el trabajo diario, a pie de calle, de las organizaciones.

Todo ello lastra el avance en los tratamientos, en los servicios ofrecidos y la visibilidad y eficacia de los mensajes, pero sobre todo contribuye a la perpetuación de la estigmatización de las personas que consumen drogas.

Hay que respetar los derechos y la libertad de las personas. Se debe poner el foco en su autonomía y decisión, y eso solo se puede lograr con información clara, precisa, y no dogmática ni moral. La abstinencia no es una finalidad en sí misma, sino la consecuencia de un tratamiento exitoso.

Si la persona requiere un tratamiento, éste debe ser más inclusivo e integrador: es fundamental, además, que la persona participe en las distintas fases de su proceso terapéutico, en la toma de decisiones y adquiera esa responsabilidad sobre sí misma. Por último, pero no menos importante, desde el equipo, y como profesionales, debemos empezar a dejar de ver la incapacidad y poner el foco en la potencialidad de la persona y hasta dónde puede llegar. Hasta hace poco la capacidad de decisión de las personas era prácticamente nula.

  • Articulación con gobiernos, organismos internacionales, sociedad en general, etc.

Ha habido un proceso de crecimiento y profesionalización de la sociedad civil que trabaja en drogas y adicciones. Tenemos más capacidad y calidad de intervención y de incidencia, pero también más inestabilidad porque no tenemos más recursos (incluso en algunos casos, menos).

Los gobiernos están sometidos a muchos cambios y no siempre van acompañados de la continuidad de las estrategias marcadas en materia de drogas, ni se mantienen los apoyos.

Además, se corre el riesgo de asumir funciones que deberían cubrir las instituciones, pero igualmente necesitamos trabajar articuladas con los gobiernos, los organismos internacionales y con el resto de las agentes sociales, incluidas las organizaciones de personas que consumen drogas o tienen adicciones comportamentales. La sociedad civil debe tener una participación mayor en la elaboración, seguimiento y evaluación de las políticas públicas relacionadas con las drogas y con las adicciones.

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