En respuesta a las demandas recibidas, tras nuestro XX Seminario, centramos este  encuentro en profundizar en temas que nos ayudaran a analizar la situación del sistema de intervención en drogas en la región, planteando la necesidad de una red asistencial de drogas, que permita la coordinación y complementariedad de las respuestas ofrecidas desde los gobiernos y la sociedad civil.

Además, aprovechamos el espacio para fomentar intervenciones basadas en la ética, la calidad y el rigor científico, y desde un abordaje integral que contemple los enfoques pertinentes en la atención a personas en situación de vulnerabilidad, que sufren la exclusión y el estigma.

En este sentido, comenzamos el Seminario tratando el tema de la necesaria atención universal basada en el paradigma de Salud Pública y los Derechos Humanos, que nos acompañó como hilo conductor durante todo el seminario ya que no podemos entender las políticas de drogas sin estos dos pilares fundamentales.

Por otro lado, las respuestas que ofrecemos desde la sociedad civil a los problemas relacionados con el uso de drogas deben estar enmarcadas en acciones y proyectos diseñados bajo criterios éticos, de calidad y con el debido rigor científico y metodológico.  Las personas y comunidades con las que tratamos merecen intervenciones testadas, evaluadas y basadas en la evidencia. En ese sentido, compartimos y colaboramos con el trabajo que desde el Programa COPOLAD II se está realizando para que, desde los gobiernos y la sociedad civil, consigamos que los dispositivos, programas y acciones recojan unos mínimos que garanticen una intervención de calidad y adecuada a las personas y sus circunstancias.

Continuamos la segunda jornada del encuentro abordando la importancia de que la atención que se ofrece sea integral, integrada e integradora, lo que en RIOD llamamos “Modelo de Atención Triple I”,  que nos habla de una atención integral fundamentada no sólo en los aspectos biológicos sino también en sus emociones, sus relaciones familiares y sociales, sus circunstancias socio-culturales, sus roles, sus valores y creencias, su espiritualidad, etc. Es un enfoque de atención centrado en la persona que tiene en cuenta todas las esferas (biológica, psicológica, social, y educativa), lo que implica trabajar desde el respeto y la dignidad, incorporando a la persona desde el análisis de su trayecto vital, su complejidad  y como sujeto capacitado y responsable de sus decisiones.

También tiene que ser una atención integrada, que se base en la integración de servicios como respuesta, la coordinación de profesionales e instituciones para mejorar la experiencia de las personas atendidas y de sus familias, así como mejorar su calidad de vida. Tejer una red específica de atención a las adicciones, que a su vez, debe estar relacionada y coordinada con otras redes de sanidad, justicia, educación, servicios sociales, etc.

Por último, será integradora porque se busca una atención que sea accesible a toda la población, adaptando los servicios a los diferentes colectivos para “no dejar a nadie atrás”, y donde las personas usuarias participan como miembros activos de la sociedad. En este punto será necesario prestar una atención especial a colectivos en situación de vulnerabilidad con mayores dificultades en el acceso.

Para profundizar más en esto, pudimos hablar de enfoques necesarios para tratar a la persona en el momento en el que se encuentra como lo es el de reducción de daños, o el de trabajo con base comunitaria, y de cómo conseguir una atención que nos ayude a detectar comorbilidades psíquicas y físicas para poder ofrecer respuestas más eficaces.

Asimismo, y precisamente siendo conscientes de la necesidad de acercarnos a las personas en especial situación o riego de vulnerabilidad, compartimos experiencias de intervenciones dirigidas a habitantes de calle, personas privadas de libertad, niñez, e incorporación de la perspectiva de género.

Muy útil también fue la exposición de diferentes experiencias de intervención y modelos de tratamiento a través de un debate en el que se analizaron el tratamiento ambulatorio, tratamiento residencial, la prevención, y la reducción de daños. Posteriormente se llevó a cabo un taller en el que se realizó un decálogo de mínimos de cada modelo, especificando qué se debe contemplar en la intervención.

Los cuatro decálogos comparten la  necesidad de trabajo en red implicando a los distintos actores de la comunidad, las intervenciones centradas en la persona y el momento vital por el que está pasando, y la importancia de tener en cuenta y hacer partícipes a las personas de sus propios procesos. 

No podíamos cerrar el Seminario sin antes hablar de modelos regulatorios y nuevas propuestas alternativas a las políticas contra las drogas, de las que se viene observando que no han logrado la reducción en la oferta, a pesar de los grandes recursos invertidos, y sin embargo sí que han repercutido negativamente en las personas y comunidades, viéndose estas más vulneradas en sus derechos que protegidas por este tipo de legislaciones.

Tuvimos la oportunidad de compartir con la Junta Nacional de Drogas de Uruguay la experiencia de este país con la regulación del cannabis y comprobar cómo 4 años después se ha alejado a la mayor parte de los usuarios de la exposición a actividades ilícitas. Se ha permitido disminuir los daños ocasionados por el acceso a sustancias de peor calidad. Se ha arrebatado una parte sustancial del mercado a los traficantes. En definitiva, cómo la regulación del cannabis está siendo una herramienta clave para la profundización de la democracia, la pacificación de la convivencia y la equidad social.

Siguiendo con las políticas internacionales de drogas, pudimos debatir sobre los últimos acontecimientos a nivel internacional: el Segmento Ministerial de la Comisión de Estupefacientes en marzo de este año y sus conclusiones, a menos de tres años de un proceso aún más amplio como fue el de la UNGASS 2016. Analizamos el rol que la sociedad civil ha tenido -cada vez más integrada en estos procesos-, de la importancia del trabajo del Civil Society Task Force  que se impulsa desde el Comité de ONG de Drogas de Viena -del cual RIOD es parte siendo una de las dos representantes de América Latina y el Caribe-, y del camino que nos queda aún por recorrer para conseguir ser el altavoz de las personas para y con las que trabajamos.

Y con el objetivo de la Agenda 2030 de “No dejar a nadie atrás”, nos comprometimos a alinear nuestras estrategias, acciones y programas con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus 169 metas sobre los que profundizamos en una dinámica de estudio del caso que nos ayudó a comprender mejor la necesidad de observar los ODS desde una visión global y a ser conscientes de cómo todas nuestras acciones se relacionan inevitablemente con todos y cada uno de ellos.

Finalizamos nuestra semana de encuentro y reflexión, compartiendo experiencias exitosas y orientadas a las buenas prácticas de nuestras entidades socias y  los resultados de un estudio que estamos realizando y que nos permitirá crecer como red, fortalecernos como entidades y mejorar la calidad de nuestras intervenciones a través del análisis de nuestro entorno, los retos a los que nos enfrentamos y las soluciones que estamos planteando. Este análisis ha demostrado que, como red, tenemos mucho trabajo por hacer y  nos anima a seguir camino de un nuevo encuentro en 2020.

Acompañados de diferentes representantes de gobiernos y actores de la sociedad civil, junto con personalidades e instituciones de relevancia en el ámbito de drogas de Iberoamérica y personas expertas con trayectorias vinculadas a organismos internacionales, nos hemos acercado, un año más, a través de este diálogo birregional, a respuestas más oportunas y eficaces.

 

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